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El Universo de Natalia Santa: una directora buscando su lugar

Natalia Chinchilla

Natalia Santa es una mujer suave, camina despacio y piensa lo que va a decir.  Lejos tal vez de la imagen que la palabra director de cine representa, o como ella dice: “de ser esa figura tan masculina y tan patriarcal del director en el set”. Esta literata, que escribe por las noches mientras sus dos hijos corretean por la casa, hace dos meses estrenó su ópera prima “La Defensa del Dragón”, una película sobre una triada de amigos entre un ajedrecista, un relojero y un médico: sobrevivientes bohemios de la vida del café, el ajedrez y de una Bogotá casi irreal, invisible para muchos pero que se resiste a desaparecer en el tiempo.

1. Nos preguntábamos por qué escogiste Casa Tomada como lugar para esta entrevista que es un café, y vemos que en La defensa del dragón hay un café como epicentro de los tres personajes, ¿cuál es tu relación con los cafés? 

Siento que ahora la película rescata un montón de lugares, entre ella Los Gallegos, que es una cafetería y restaurante, abajo de la 13 con 23 y lugares como La Normanda, hablan de otras formas de relacionarse con las personas también… de otra forma de vivir en comunidad, porque ahora llegas a un sitio, consumes y te vas. Y en estos sitios la gente habita y convive en esos lugares y genera sus relaciones ahí. Y el Lasker que es un club de ajedrez, es también un café, es también un sitio para ir y tomarse una cerveza, y son unas dinámicas sociales que creo que ya no existen más. Pero claro me gustan estos espacios donde uno puede ir a quedarse, y en estos sitios uno puede quedarse y si se queda pues puede ver más cosas interesantes.

2. Al ser tu ópera prima ¿Cómo te preparaste para dirigir tu película? 

Trajimos a un amigo que es director que es Kiki Alvarez, cubano y él vino paraayudarme a controlar el pánico que me iba dando y a comunicarme con los actores. Y eso fue fantástico porque la primera semana de rodaje a mi se me fue la voz, precisamente porque no sabía cómo asumir todo lo que me venía encima, y él estuvo ahí todo el tiempo super solidario, paciente, muy amoroso y muy intuitivo también ayudándome a recorrer un camino que para él era el menos pensado porque sus últimas tres películas han sido totalmente improvisadas y las últimas sin guión, y estaba ayudándole a una directora novel que quería que sus actores dijeran el guión exacto letra por letra y con las comas y las pausas… Entonces me sugería que dejará que los personajes improvisarán un poco y cada vez que eso pasaba a mi me daba angustia, “entonces no, volvamos al guión”. Y porque además para mi las palabras son muy importantes, cómo se dicen, las entonaciones, incluso siento que hay como una música en cada diálogo porque yo lo decía en voz alta y lo corregía una y otra vez cuando el actor lo decía, de pronto me acercaba y le decía “quítale esta palabra porque me parece que está sobrando, no es tan sonora…” y era super importante. Hablábamos mucho de qué estaba detrás de cada diálogo y qué quería decir, y era importante que lo dijeran de una forma porque muchos diálogos reaparecían después o se hacían muchos chistes muy sutiles con diálogos que habían estado tres escenas antes, entonces si no eran exactos se perdía todo ese subtexto.  

3. La defensa tiene una banda sonora ecléctica: hay tango de Gardel, hay una música china cada vez que el médico fuma porro con su amante, esta Satie para las escenas entre el protagonista y la ilustradora, y un balada rock al final… ¿Por qué la elección de la música?

Bueno, pues yo no quería que la película tuviera música por fuera de lo que les estaba pasando a los personajes, que no tuviera música incidental. Quería que todos los sonidos fueran parte de la realidad de cada escena, los carros, el tráfico, los sonidos de la ciudad, los voceadores, los perros, si estaba naturalmente.  Era algo que hablábamos con Juan Manuel López, que fue el sonidista y luego hizo el diseño sonoro que queríamos que se sintiera Bogotá, pero es mucho más de interiores que de exteriores. Y con respecto a la música pues cada personaje debía tener un sonido con el que se identificara y se terminara de dibujar ese universo de cada uno. Para mi era muy importante que el relojero escuchara tangos, no sé porqué, me parecía que era el universo que tenía que habitar que imaginé que era el de su padre también, que eran discos y gustos heredados de su padre como la relojería; en el caso del homeópata pues su lugar mental siempre va a ser Oriente, entonces música oriental para sus momentos de fumada de marihuana, y quería que un poco la atmósfera de la homeopatía fuera de fumador de opiáceo chino, es un sibarita no? Entonces disfruta de los momentos con su mujer, y que fueran espacios placenteros; y en el caso del ajedrecista en varias versiones del guión tuvo diferentes músicas pero luego resultaba que no era orgánico. Yo sentía que era un tipo que necesitaba el silencio para poder funcionar, porque su universo estaba en su cabeza no en su espacio. De los tres es el único que no ha generado un espacio propio, el espacio es el de la casera con ese cuadro horrible, y que él llegó a habitar. Entonces el necesitaba el silencio pero el protagonista Samuel, Gónzalo de Sagarminaga es músico, y tuvimos la gran fortuna de que nos diera su música para el inicio y el final de la película. Para mi es hermosa y es la que tiene que estar.

4. En alguna parte leí que habías tenido a tu hijo durante el hacer de la película. Quisiera que nos contarás de tu experiencia desde lo femenino en el set:  como directora, como mamá, ¿cómo lograste llegar a un equilibrio de las dos cosas?

Pues yo creo que una de las cosas que siempre quise mantener en el proceso de hacer la película era la tranquilidad de no tener que convertirme en otra persona que no era yo, y quién tenía que ser, pues por supuesto que llegaban muchísimo consejos como: “tienes que hablar duro, tienes que hacerte respetar, que ser la jefe, y precisamente esa frase de “hacerme respetar”, me parecía tan rara, porque era casi como obligar al respeto, no? Como que uno se gana el respeto en el diálogo, y en el trato diario, en la convivencia y en el trabajo conjunto. Entonces, digamos que me rebelé un poco a eso y lo que quise (y la productora me ayudó mucho en ese proceso Ivette Liang), fue crear un equipo con el que yo pudiera dialogar en vez de hacerme respetar, o sea no ser esa figura tan masculina y tan patriarcal del director en el set, y fue así, no? No quería pretender que sabía todo lo que estaba haciendo porque no lo sabía, estaba haciendo, aprendiendo, jugando un poco y adivinando otro poco.

5. Eso me hace preguntarte…muchos escritores hablan de que uno necesita vivir las historias personalmente, sufrirlas, y qué tanto eso es verdad para ti. ¿Sufriste “La Defensa”?

Sufrí hacerla pero escribirla no. Por supuesto que siempre está uno en conflicto al escribir porque hay personajes que no se revelan tan claras, o porque luchas con un personaje o con un conflicto o te dedicas a una cosa que no servía para nada… pero padecerlo y sufrirlo no creo. Padecí la dirección! fue un padecimiento dirigir, y creo que lo hago porque toca contar la historia, no sé, a lo mejor la próxima la disfrute más, a medida que uno coge experiencia y se vuelve más seguro en lo que quiere, no sé, de pronto empieza a disfrutarla algún día pero no disfruté ese rol de dirigir.  

6. Cómo se llama la próxima?

La próxima se llama Malta. Si bueno… no sé que tanto cambie pero por el momento es una chica que está buscando su lugar en el mundo y cree que está lejos, muy lejos de casa, en Malta, en la isla. Y luego se da cuenta que no estaba tan lejos cómo pensaba.